16/11/2015
Todo lo que pasó ayer y viene pasando este año, y mi caso puntualmente me da a pensar diversas cosas, que quiero expresar, puesto a que hace mucho que no escribo en este blog.. de hecho, lo hacía de más chica y creo que estaba más ligado a intereses y valores particulares. Hoy en día mi cabeza es diferente porque he aprendido -y todavía me falta demasiado-, y me han acompañado muchas cosas de las que adquirí experiencia desde el momento de mi pre-adolescencia hasta ahora, ya casi entrando al mundo de la “adultez” -si, me falta para eso-.
Veo necesario salir del discurso nostálgico y ser un poquito más puntual, sin ser del todo seria, además, no es nada de lo que considere que no se pueda debatir o refutar, es una simple opinión. Y creo que es evidente a lo que me refiero: la política es hoy, un tema del que todo el mundo habla en Argentina. Algunos dicen que porque es año de elecciones, otros, más optimistas, porque de a poco vamos recuperando, de forma progresiva la “fe en la democracia”, como lo reflejaba el pueblo esperanzado del ‘83, iluso y cegado -a mi opinión, pesimista por cierto-. El tema es éste, mi opinión, y lo que creo yo es que, sí, es año de elecciones y termina un modelo de trece años de continuidad, hay una inquietud y un fervor a favor y en contra de éste. Están quienes simpatizan con él, pretenden seguir con un nuevo candidato y quienes quieren “cambiar”, los que simpatizan con el modelo y no con el candidato, los que odian el modelo, los que votan con entusiasmo, los que votan por conveniencia o interés, los que hacen “voto bronca”, los que votan en blanco, los que votan con indecisión, los resignados, los asustados, y puedo dar mil ejemplos más. Todos tienen intereses e ideales diferentes, eso es indiscutible, pero hay algo que, no se si caracteriza al argentino o al hombre de la época, que es el individualismo: el pensar por beneficio propio, por lo que a uno le hace bien y no por el otro, y algo muy particular que forma parte de la naturaleza del hombre: el espíritu contradictorio. Con respecto a lo primero que mencioné, el individualista a la hora de votar piensa en sí y en su círculo familiar o laboral, por ejemplo, pero a la vez, muchos de ellos defienden, contrariamente, los derechos de otros, y eso no se ve reflejado a la hora de votar. Por supuesto no soy quien para decir que está bien y que está mal, porque ningún gobierno es color de rosa ni ningún ser humano es perfecto, lo que quiero puntualizar es que, dentro de todas estas categorías y ésta característica se ve, de forma transparente, la contradicción en sí: “me interesa el futuro de mi país, pero a la vez me desinteresa y prefiero la comodidad que es informarme por tv, el diario o la opinión de otro, que en el fondo se que está cargada desde una perspectiva política determinada y a la larga, eso influye en mi y en lo que voto”. Y no. Es algo que no comparto bajo ninguna circunstancia, uno tiene que ser lo suficientemente imparcial a la hora de acceder a esos medios, tiene que desarrollar una opinión como se desarrolla la personalidad; se puede elegir ser totalmente imparcial, por supuesto, pero siempre ser firme en el libre pensamiento y, fundamentalmente, estar abierto al debate y a la reflexión sobre la opinión de otro. En mi opinión esto no muchas veces me favoreció, porque con quienes me tocó compartir opinión no tenían siempre la misma voluntad que yo a la hora de escuchar e intercambiar perspectivas, pero es lo que se espera dentro de una conversación formal, sin peleas ni imposiciones ajenas. Como siempre, están quienes entienden esto y quienes no, y por lo que yo veo hay mucho de esto último. No se si esas personas estarán molestas de que se las llame contradictorias si lo que hacen es dejarse llevar, incluso si lo que pasa en ese nuevo gobierno los afecta de alguna manera. En fin, “cada uno sabrá” me repito constantemente, como tratando de convencerme y ponerme firme, de algo que en realidad es un sentimiento de tristeza y resignación. Y es una de las cosas que considero como las peores, sentirse sin ánimos ya de intercambiar conceptos por cómo es la gente y cómo se van dando las cosas -y bueno, dirán que me lo tomo muy a pecho y hasta me pongo mal, pero no, es una resignación pasiva, una mezcla de bronca y tristeza, solo porque me importa mi país y lo que vaya a ser de él-.
En fin, muchos se preguntarán mi punto de vista, lo que me gusta expresar a los demás cuando compartimos opiniones. Lo cierto es que no simpatizo con ninguno de los dos candidatos en cuestión. Mis ideas son, -y acá también es algo muy evidente de mi- básicamente de izquierda, aunque no soy de ningún sector en particular, digamos una “simpatizante” que también critica muchas visiones del partido y las “73 formas en las que se divide” [¿es necesario resaltar la comicidad con la que me tomo ese tipo de comentarios?]. Es que sí, y también me banco que me digan hippie y que vivo en un “mundo utópico” por pensar de esa forma, pero me gusta resaltar que mi mundo utópico es uno donde se tome en cuenta a más sectores de la sociedad, y no se excluya a la minoría, sino que se la vincule y que no se saque provecho de ella. Obviamente me gusta reflexionar sobre “su” mundo utópico donde la “pobreza cero” en un sistema capitalista donde unos sectores ganan y otros pierden -y donde indudablemente hay pobreza- se desarrolle con éxito, o donde un plan de asistencia social se utilice de forma correcta y sea regulado por el Estado. Todas esas cosas las planteo desde un punto, como ya dije, de resignación. La gente quiere y no quiere cambiar, el pueblo está perdido, allá, votando a alguien que los va a destrozar económicamente solo porque odian la figura del modelo que vienen bancando por años. Y así estamos, con frases que voy a recordar de este año -y que espero, por el amor del cielo, que ni figuren en los libros de historia del futuro, porque sería una vergüenza-, como la “revolución de la alegría”, la famosa “campaña del miedo”, los discursos ligados al amor, a la fe, la esperanza (¿en qué momento se convirtió en un cuentito de Disney la vida política del país?) y tantas otras cosas -como hablar de derechos humanos y esquivar temas importantísimos como el aborto- que, a decir verdad, puede que muchos lo tomemos con gracia pero en el fondo dan pena. Estas campañas, para mi, son una burla a la sociedad actual, y se justifican en la credibilidad que le da la gente, el festejo y el apoyo, nuevamente cegado e iluso como lo fue con el mito de “con la democracia se come, se cura y se educa”. No quiero decir que esté mal creer en el proyecto de alguien, o tener fe y ganas de progresar, también se que mi perspectiva es, a veces, excesivamente pesimista, pero lo que no soportaría sería ver como esa ilusión se desvanece; no reiría del votante que apostó a algo y tuvo todo lo contrario, o quien pierde su trabajo, o es llevado a otras condiciones de vida peores a las anteriores.. tampoco llamo al conformismo, al contrario: me gustaría que haya conciencia y ganas de informarse, ganas de proponer ideas nuevas, ligadas quizá al mundo que nos compete, que se conozca y analice el pasado e historial de ambos candidatos -que ya se, no favorece mucho a ninguno, pero mucha gente o no sabe, o si pero muy vagamente- y que, fundamentalmente, se piense en el bien colectivo de la sociedad, no de unos pocos sectores. Los sectores que están bien lo estarán con cualquier gobierno, y si ganan o pierden más dependen de su propia ambición, sin cambiar drásticamente sus vidas, técnicamente “acomodadas” (uf, queda muy cliché, tipo discurso capitalismo vs. socialismo).
Mis ideas no son -y esto no podría ser nunca- totalmente acertadas, hay una realidad que es un mundo muy conflictivo, con problemas de todo tipo que ningún gobierno podría manejar al cien por ciento, pero, en la medida de lo posible, apoyaría a quien se interese por aspectos de tipo social, que cada vez le importan más a la sociedad, escuchándolos y tratando de llegar a un acuerdo, y no mandando a reprimir a quienes salgan a protestar (ejem, otra de mis fantasías utópicas). Y no, claramente no podríamos ignorar la economía como lo ha hecho el radicalismo y el pobre Alfonsín, que no pudo manejar las cagadas que se habían mandado en la dictadura -como la tengo con el pobre “dotor”, no parece que opino que fue el tipo más copado que tuvimos-, pero ahí está el punto: no hay que dejar ningún aspecto ni hacer énfasis en uno solo, esto que estoy escribiendo es más de tipo reflexivo -con esa onda Lennon que me caracteriza a veces, más que si empiezo hablar del futuro económico que se vendría a mi parecer no terminaría más- y de generar lo mismo en quien lo lee, de preguntarse sobre lo que hoy piensa que es más acertado para el bien de todos. Quisiera que en unos años no volvamos a repetir pavadas como el “mal menor” y el “voto bronca”, sino que haya alternativas, propuestas, ganas de participar y conocer -incluso hubiese estado bueno tener una alternativa con el mismo alcance y masividad que tuvo el peronismo y que tiene el kircherismo actualmente-, y romper así con la visión negativa de la política que impusieron todas estas situaciones que desmotivaron a la gente. Y eso quiero resaltar, la política es algo indispensable en toda sociedad y todos podemos acceder a ella, no la desperdiciemos ni la desvaloricemos.

















